sábado, 23 de noviembre de 2013

Fotos: Odette

Últimamente entre unas cosas y otras tengo la sensación de que no tengo tiempo para nada, pero el otro día me puse a hacer fotos y use de nuevo el fondo que tengo en casa. Voy a dividir la sesión por personaje, que ya que estaba me puse a hacer fotos a unos cuantos de los bichillos. Hoy le toca a Odette, que la pobre no esta presentada, hable de ella de refilón en una de las entradas anteriores pero salvo que llegó de rebote en un cambio no dije nada más.

Odette es un demonio de la envidia, ella participó activamente en las revueltas de Lucifer, ella creía en la igualdad entre los ángeles, sin distinción de su rango y luchaba por ese ideal suyo hasta el día de su detención. A ella le gusta presumir de que tuvo a Lucifer a sus pies pero ella le rechazó y que Lucifer hizo todo lo posible para que ella se olvidase de Adirael y se quedase con él. Kadmiel, autoproclamado mejor amigo de Lucifer, dice que eso no es exactamente así aunque Adi dice que sí pero a nadie le importa realmente el tema así que la dejan que cuente su versión.

No me enrollo más y dejo unas pocas fotos repetitivas de Odette. Ya solo queda terminar a Charlotte y Caleb para tener el pandemonium terminado :P

viernes, 1 de noviembre de 2013

Fotohistoria: Las marcas del dolor.

Otra entrada con más texto que fotos de las mías, pero esta vez es otro pequeño relato para conocer mejor a los personajes y sus historias. Como Eylem sigue sin estar en casa, aunque ahora ya esta maquillada y es absolutamente perfecta, he usado de nuevo a Adirael como sustituto. Ignorar el fondo de las fotos.



Recuerdo bien el día en que Sándalo marcó mi mano para siempre, recuerdo mis nervios y su emoción contenida. Sé que era lo que tenía que hacer, lo que quería hacer y gracias a eso creo que la entiendo un poco mejor que antes.

Era tarde, pero aún quedaban suficientes horas de sol como para no necesitar la luz de las antorchas. La gente se congregaba en el centro de nuestro campamento, no había nadie lo suficientemente cansado o herido como para perderse lo que iba a pasar, nadie sabía realmente lo que ocurriría salvo nosotras, pero cualquier novedad es bien recibida en medio la guerra. Sándalo se había hecho su marca en el pecho en la intimidad de nuestra tienda de campaña, la herida aún sangraba pero no parecía importarla. Ella iba delante de mi, la gente se apartaba a su paso, abriendo un pasillo para nosotras. La gente siempre se aparta de ella, temerosos ante el misterio que la rodea y su manera de matar, metodica y silenciosa.

-Hoy sereis testigos de mi juramento de lealtad a Sándalo, en su tierra es tradición marcar en la piel un símbolo que recuerde a su portador un juramento que no debe de romper bajo ningún concepto.- Eylem miro a todos los presentes- Yo quiero que sea así. ¡Qué los dioses sean testigos de mi juramento!


Nos pusimos una frente a la otra y Sándalo cogió mi mano, no dijo nada, pero podía ver en sus ojos la alegría que sentía, seguramente esa fuese la primera vez que alguien la demostraba lealtad a ella, que alguien la trataba como a una igual. Cogió su puñal con la mano que aún tenía libre y mirandome a los ojos sonrió y cortó mi carne por primera vez. Tuve que apretar los dientes para que mi semblante no dejase ver el dolor que me atormentaba, no podía gritar. Corte tras corte, con la sangre goteando de mi herida, el dibujo iba apareciendo en mi piel.

Cuando Sándalo guardó el puñal pensé que lo peor había pasado, pero me equivocaba, Sándalo puso en mi herida la misma pasta que aún tenía ella en su propia herida. Sentí como me quemaba, era peor que el fuego. Deseé gritar con todas mis fuerzas, apartarme de ella y del dolor abrasador que amenazaba con devorar mi mano, pero en lugar de eso apreté más fuerte los dientes, intentando aparentar la misma entereza que la había visto a ella siempre, era lo que esperaba de mi y no la decepcionaría.


Levanté la mirada y vi todas las marcas recorriendo su cuerpo. Todas esas marcas de dolor que lucía en su cuerpo como recordatorio de los que han muerto de sus manos, de su aprendizaje, de sus lealtades juradas a personas que la traicionaron. Mire su rostro impasible y sentí más que nunca que entendía su desdén por el mundo, con tanto dolor en su cuerpo no podía sentir compasión por nadie, ni siquiera por ella misma. En ese momento, más que nunca, sentí lástima por Sándalo.